Qué invento tan terrible el spandex. una tortura medieval autoimpuesta por aquellos que podemos llegar a odiar nuestro cuerpo. (Lo odiamos porque nos enseñaron a hacerlo , y a veces uno se siente cobarde como para contradecir al gran Otro)

Siempre estuve en contra de ellas, y sin embargo, el otoño pasado en un momento débil caí atrapada en sus elásticos finos y fuertes.

Las primeras que compré en Amazon no parecían las clásicas spandex color piel, esas que recuerdan a los bombachos es de vieja, no. Estas eran estilizadas, negras, con transparencias interrumpidas por dos tiras de elástico en cruz. Al principio las sentí tan cómodas que dudé que fueran capaces de hacer su trabajo, pero no, supieron estar a la altura de las circunstancias.

El vestido que quería ponerme para la fiesta de esa noche me abrazaba el cuerpo de un modo que hacía que mi pancita, cada vez más redonda a base de bagels y helados en noches de insomnio se pareciera más bien a la pancita de una embarazada de 5 meses. No tenía ganas de pasar por el momento incómodo de provocar confusiones y terminar con dos vinos de más y escupiendo argumentos anti natalistas de los cuales me habría de arrepentir al día siguiente.

Lo que empezó siendo una relación de una sola noche con la infame prenda, terminó siendo una relación de meses.

Cuando llegó el verano y abrí ansiosa la bolsa de polleras veraniegas, comprobé con espanto que muchas de ellas no me entraban.

Como sucedió? me pregunté…

El spandex había hecho su trabajo: me dejé envolver tanto que me olvidé de mi verdadero borde: la piel. Y a medida que mi cuerpo se ensanchaba, y la piel se confundía con esa capa inmunda de falsa con-tensión, yo me olvidaba de mis bordes verdaderos.

Y ahí estaba mi pollera de verano, sonriéndome burlona, recordándome circunferencias que ya no me habitaban.

Llegó el verano y me despedí de ellas …

Ahora aprecio mi libertad, y al parecer el gran Otro también.

Se está por terminar el verano, y tengo miedo de caer en la tentación de abrir ese cajón donde están ellas. Interpelándome, preguntándome “che vuoi?”

No creo que lo haga, luego de haber reflexionado sobre las consecuencias de esta relación, tengo preocupaciones mayores: qué spandex tendré en la mente? Qué cosas estaré tratando de contener o frenar fútilmente? Quien más compra el producto?

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